jueves 22 de octubre de 2009

Detesto leer

Leo en casa y en la calle y en el metro y en el bar y en los bancos
del parque. Leía cuando fumaba y ahora que no fumo aún
leo más. Leo a todas horas porque odio la lectura.
Detesto leer tanto como detesto a Buñuel,

los versos de Peri Rossi y el sexo
sin amor. No puedo evitarlo;
me interesan mucho las
cosas que odio.

lunes 19 de octubre de 2009

Hermana Luna

Me das tu acogedor
calor de medianoche
cuando llego a ti con alas rotas,
me permites dormir en tu remanso,
me lames las heridas
con tu lengua de estaño.
Hermana luna, te amo.
Resulta tan difícil atrapar
tu reflejo de plata en los cristales,
dejarse embelesar por el insomnio
con el silencio nocturno en los labios
mientras arranca el otoño travieso
las hojas de los árboles detrás de las ventanas.
Pero ahora que está naciendo el día
y otra vez me devuelven
mi imagen los espejos,
ahora que aún no saben
lo nuestro esos pájaros chismosos
y el sol me ha condenado
a vagar entre fantasmas de luz,
ahora que está ardiendo el horizonte
déjame que te diga una vez más:
Hermana luna, te amo.

martes 13 de octubre de 2009

El amor se hizo memoria

Hago pompas de agua con tus recuerdos
y se vuelven cristales en mi boca.
Ya no queda consuelo que sofoque
el llanto glauco de las madreselvas
de aquellas tapias nuestras
de nuestros besos tumbados al sol.
Un día hallé marchitas
las flores de tu falda.
Como era invierno le resté importancia.
Retornará el amor,
como las golondrinas,
cuando sangren de dicha los rosales
y mayo acaricie
de nuevos tus cabellos,
cuando la primavera
florecida se ofrezca
para inyectarnos la vida en las venas.
Pero nunca volvieron los colores
a pintar el jardín de nuestro amor.
La noche se hizo día,
los suspiros se hicieron esperanzas,
después se hicieron sueños.
Al final, el amor se hizo memoria
y la distancia triunfó entre nosotros
convirtiéndonos en desconocidos.

miércoles 7 de octubre de 2009

Regalo de verano

Empezaba a pensar
que el amor se había olvidado de mí,
que el camino de vuelta
era mucho más largo que el de ida.
Incluso le había hecho
autopsia al corazón;
lo encontré muerto por aburrimiento.
A punto estaba de enterrarlo cuando
apareciste tú como un regalo
enviado por los dioses.
Fue un día de verano
cálido y azul como tu mirada.
Una estrella fugaz cruzó mi firmamento,
un código simbólico,
un tam tam primitivo.
Renací en el deseo,
en todos los detalles de pronto descubiertos
después de tantas décadas de olvido.
También en la frescura de alguien en quien mirarme,
en la dicha sencilla de tenerte a mi lado
cada noche.

domingo 22 de marzo de 2009

La llegada de Tánatos

Se desvanece el alma en el misterio
más allá de sí misma,
más allá de la ecuación de la vida,
y queda el individuo
al margen de los límites del cuadro
sólo identificable por su ausencia.
El cuerpo te sobrevive unas horas,
muriendo aún más en su lento morir,
rompiendo los lazos que a través de él
te unieron a este mundo.
Qué vértigo te produce ese salto
de la vida a la muerte,
esos instantes de tránsito breve
en los que aún serás y ya no serás,
esos minutos de final consciente,
esa angustia del último suspiro,
esa postrera lágrima
que ya no sentirás
rodar por tu mejilla
porque será la lágrima de un muerto.



Tánatos: Término griego que inspiró a
Sigmund Freud el concepto de Principio de Muerte



jueves 19 de marzo de 2009

Perrito con alas

Los soldados desfilan orgullosos
hollando con sus botas,
aún manchadas de sangre,
el empedrado alfombrado con flores
de las calles de la ciudad vencida.
Reluce el correaje
al sol del mediodía.
Destella la arrogancia en ese bronce
que promete que viene a liberarnos.
La máquina del desfile triunfal
imparable avanza como un panzer.
Un perrito casi blanco, asustado,
intenta cruzar la calle. Se enreda
entre las piernas de los militares.
Una patada lo hace volar como
si tuviera alas. Cae chillando y muere,
por fin, al otro lado de la acera.
Desde entonces, cuando cierro los ojos,
es eso lo que veo:
un perrito con alas.

sábado 14 de marzo de 2009

El alma de la revolución

Se dejó una gran barba de estética marxista
que le otorgaba cierto aire de gran patriarca.
Aprendió a levitar
y a utilizar las ceras de colores
para acerar los rasgos de su cara.

Soñaba con ser el que todos siguen
y ver su nombre escrito en los muros
y ver su foto colgada en las aulas.
Soñaba ser el alma de la revolución.
La barba creció tanto, llegó a ser tan alta,
que se formaron nubes en torno a su cabeza.
Olvidó quién era y de dónde vino,
olvidó lo que hizo y por qué lo hizo,
se convirtió en aquello
que odió cuando era joven.
“Miopía absoluta de la realidad”,
le diagnosticó un médico asustado
que soñaba con vivir en Miami.
Murió aferrado al cetro del poder
de un gobierno tiránico y casposo
de una isla tropical y bananera,
convencido de que el pueblo lo amaba.
Descanse en paz.

domingo 22 de febrero de 2009

En un bar

La mujer rubia me mira sin verme.
Un bar del centro. Una tarde de otoño.
Me pregunto adónde va, quién la espera.
Sus ojos melancólicos se asoman
a la calle y se empapan con la plata
helada de la lluvia.
Me pregunto
porqué está sola, porqué no me ve.
Apura su café y cruza las piernas.
Como un rumor encendido me llega
el roce de sus medias de cristal.
En el borde de la taza ha dejado
impresa una huella de carmín,
filamentos púrpura.
Ya se marcha..
La veo caminar hacia la puerta.
Se gira y me sonríe.

jueves 19 de febrero de 2009

Parafraseando a Nietzsche

La realidad es una prenda que
nos hacen a medida cada día.
¿De dónde vienen todas esas falsas ideas
sobre el hombre y el mundo,
sobre el bien y el mal, la vida y la muerte,
la cultura, los pueblos, las fronteras?
¿A qué espurios intereses responden?
No existen los fenómenos morales.
Tan sólo existe la interpretación
moral de los fenómenos.
La verdad es abstracta;
más abstracta cuanto más evidente.
Por eso la locura,
que rara vez se da en los individuos,
es una enfermedad habitual
en los grupos humanos, las naciones.

martes 17 de febrero de 2009

La flor

Te regalo esta flor
empapada en nostalgia
y aún es más bella hoy,

entregada a la muerte,
de lo que fuera ayer
que lucía arrogante.
Déjala que se derrame en tu pelo
como un charco de luz sobre un espejo.
Deja que te acaricie
su terciopelo ajado.
Déjala marchitar sobre tu pecho.
Su aroma encierra algo
de lo que soy al verte
y algo de lo que eres
está latente en ella:
su exuberante y pálida belleza.
Como un río que huyendo de la lluvia
se refugia en el mar.
Como un sol condenado
a vivir entre sombras.
En sus pétalos rojos
de lágrima prohibida
hay un pacto de vida con la muerte,
un renacer de prímula en otoño.